La importancia de una buena relación entre padres y madres

A veces nos preguntamos por qué nuestros niños se manifiestan de determinadas maneras que nos toman por sorpresa. En un gran porcentaje de los casos, esas anomalías surgen de una mala relación entre padres y madres.

Los que sufren son los niños

Para los hijos es muy doloroso ver cómo sus padres tienen una relación tóxica de sufrimiento constante, dolorosa e irregular viviendo juntos. Si no se han divorciado, pero tampoco luchan por recuperar su relación y tratarse con cariño y respeto, los hijos perciben un modelo de conducta perjudicial y dañina.

Cada vez es más habitual ver a niños y adolescentes en mi consulta por una vida de sufrimiento debido a la mala y dolorosa relación que tienen sus padres.

Suelen tener ansiedad y estrés, problemas de sueño y de alimentación, dificultades en el colegio o en el instituto y, una responsabilidad exagerada por intentar arreglar la relación de sus padres o el mal ambiente en su casa.

Bajar la presión

En una sociedad de auto exigencia continua, en la que los adultos sienten presión por mejorar en sus carreras, llevar una vida sana o ganar dinero suficiente para todos los caprichos, los niños y adolescentes ven desconsolados cómo sus padres no se esfuerzan de la misma manera en ser felices.

Una pareja que no se quiere y que tiene un hogar en sus manos genera un sentimiento de tristeza y ahogo en la casa, lleno de rencor, enfados acumulados, ira y rabia, malas costumbres en la convivencia y en la solución de conflictos que se presentan, incluso, violencia en algunos casos.

Todo tiene solución, tanto si se continúa en pareja o rompiendo la relación, pero siempre recordando que somos padres de unos niños que merecen un modelo de conducta ejemplar a imitar y sobre todo, amor y respeto.

 

Practicar la empatía.

Es importante que quienes discuten aparquen su enfado y hagan un esfuerzo sincero y transparente por ponerse en la piel del otro para saber qué es lo que le está ocurriendo a quien tiene enfrente. Ser empáticos, porque eso siempre repercutirá en nuestros hijos.

Perdonar es importante, porque el rencor no lleva a ningún sitio, sobre todo si surge de algo que ocurrió hace años. Ese rencor nos lleva continuamente al pasado, algo que ya no podemos ni arreglar ni cambiar.

Los padres tienen la responsabilidad de dar lo mejor a sus hijos

Deben pensar que ellos no merecen un ambiente sucio, lleno de reproches y de ira como entorno de crecimiento.

Nunca está de más acudir a un profesional que ayude a resolver ciertos conflictos. En muchas ocasiones, nos enfadamos o cargamos contra alguien proyectando una energía que llevamos con nosotros. Así que la mayor parte de las ocasiones somos nosotros los que cambiando mejoramos esos problemas, en vez de obligar al de enfrente a que cambie.

La pareja debe buscar mejorar su relación a toda costa, sea como matrimonio o como padres, aunque hagan vidas separadas, para cuidar a sus hijos de la mejor manera posible. Es más saludable un matrimonio separado y sano, feliz y pleno, que una pareja bajo el mismo techo odiándose y llenando todo de mala energía. Sin desautorizaciones, porque ese es el paso anterior al descontrol de la familia.

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