¿Padres, Madres o colegas?

Ser amigo de los hijos es el objetivo para muchos padres que creen que así serán confidentes y compartirán con ellos todas sus alegrías e inquietudes.

Ser colegas de nuestros hijos ¿es positivo o un gran error?

Dado el amor que se siente por los hijos y con el deseo de ofrecerles lo mejor para que sean felices, los padres desean establecer una relación cercana, amorosa, comunicativa que les permita saber: cómo están sus hijos, qué piensan, cómo sienten, cuáles son sus dificultades, sus gustos, preferencias o amistades.

Esta actitud en la relación con los hijos es muy buena siempre y cuando este acercamiento no se traduzca en el mensaje de: ‘somos como amigos’.

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A menudo padres y madres me cuentan con mucho orgullo que ser amigo de los hijos es maravilloso ya que nos permite conocer sus problemas. Me dicen cosas como: “Mi hija de tres años me dice: mami ¿eres mi amiga? ¡Claro cariño!, me puedes hablar como a tu mejor amigo, será nuestro secreto”.

Esta actitud implica dejarles huérfano de padre o madre en el mismo momento en el que pasan a ‘ser amigos’.
Nos pensamos que son mensajes positivos, ya que la figura del amigo nos parece más abierta, simpática, confidente y que se da a la compresión y a la cercanía.

Pero si tú le ofreces a tu hijo ser colegas, ¿dónde queda entonces la figura de padre o madre? Tu hijo, hija puede tener todos los amigos que desee, puede cambiar o ignorar los que no les guste, pero sólo te puede tener a ti como padre o madre. Convertirnos en amigo de los hijos implica, sin duda alguna, romper nuestro papel de padres.

Los hijos necesitan el referente de autoridad del padre y la madre

Los hijos, tengan la edad que tengan, hasta la adolescencia, necesitan siempre tener como referente la figura del padre o de la madre cercanos, que estén con ellos y por ellos, que les ayuden con sus dificultades y que también les pongan límites, les digan lo que sí pueden hacer y lo que no, hasta dónde pueden llegar y hasta donde no y sepan permitir a sus hijos el consecuente enfadado o tristeza que genera la frustración, es decir, cuando no obtienen lo que desean.

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Si nos convertimos en amigo de los hijos les estamos privando de un crecimiento sano. Un amigo es un igual. La relación con un amigo es de “tú a tú”. La relación con un padre o madre nunca debe ser de igual a igual. Sí debe ser cercana, abierta, amorosa, flexible, honesta, comunicativa (“soy tu madre, me lo puedes contar con toda confianza; soy tu padre y me gusta saber qué te preocupa; no soy tu amiga pero juntas nos vamos a divertir mucho; soy tu padre y puedes contar siempre conmigo), pero siempre teniendo en cuenta que el padre y la madre son una figura de autoridad, un referente situado en una escala jerárquica superior, no igual.

 

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