¿Pedir perdón a mi hijo/a?

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Muchas veces, me encuentro con padres preocupados que me preguntáis qué hacer para corregir errores cometidos sin que vuestro hijo o hija note que os habéis equivocado. Es decir, cómo hacer para seguir manteniendo la autoridad, la imagen de figura parental perfecta.

 

Os sorprenderéis si os respondo que lo más sanador es reconocer abierta y explícitamente el error y así ser consecuentes con los hijos.

 

Para muchos esto es algo que resulta prácticamente inconcebible. ¿Cómo voy a reconocer que me equivoqué frente a mi hijo si soy su modelo a seguir? ¿Cómo voy a corregirlo si le muestro que también fallo algunas veces?

Yo creo que el asunto funciona al revés: precisamente porque somos los modelos de nuestros hijos, porque somos las personas en quienes se fijan cuando se proyectan como adultos, es que deben vernos fallar, reconocerlo con humildad y, sobretodo, intentar reparar la equivocación.

 

No queremos niños frustrados por no poder ser perfectos. Queremos niños felices por lo que son y capaces de integrar aspectos de ellos mismos. Queremos niños que se equivoquen y que sepan reconocerlo para poder volver a intentarlo. Queremos niños que amen sus propias debilidades y se acojan a ellos mismo como seres humanos imperfectos. Queremos que nuestros hijos sepan (pero de verdad, no sólo a través de palabras vacías) que errar es humano y que saber asumirlo es un acto de valentía y grandeza muchísimo más grande que saber ocultarlo.

 

Y si los padres no somos capaces de darles el ejemplo, ¿cómo harán nuestros hijos para aprender todo esto? Si intentamos mostrar una imagen falsa de nosotros mismos carente de humanidad ¿cómo les enseñaremos a ser personas humildes y asumir los propios errores?

 

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Si le he gritado a mi hijo porque estaba cansada y tuve un pésimo día, si no me he dado cuenta, porque estaba absorta en otras cosas, de lo que necesitaba, si no he sabido escucharlo, si no he podido estar cuando debí ser accesible, le pediré perdón todas las veces que sea necesario. Así, él me mirará como un ser humano ejemplar, uno que se conoce acerca a sí mismo y sus propias fortalezas y debilidades, uno que se cae pero sabe ponerse de pie, uno que sí es un modelo a seguir, pero un modelo alcanzable y cercano, no una especie de ideal que frustra y apenas se puede tocar.

 

No tengamos miedo de pedir perdón e intentar enmendar nuestros errores. Sé que los niños que tienen padres que saben hacerlo son más felices y se sienten más cercanos a sus figuras parentales que aquéllos cuyos papás procuran mantener frente a ellos una imagen de perfección.

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