Llevamos ya algunos años, desde 2005, escuchando el famoso término “Blue Monday” o más comúnmente conocido como el Día Más Triste del Año. Este concepto, que fue acuñado por el psicólogo Cliff Arnall, no ha dejado indiferente a nadie, y, aunque no hay evidencias científicas que demuestren que hay un día concreto que pueda ser más o menos deprimente al año, cada tercer lunes de enero lo identificamos como tal.

A pesar de los datos en los que se basó para garantizar esta afirmación, ¿realmente podemos indicar que hay un día en el que predominan sentimientos de tristeza? Cada persona vive una propia realidad diferente a la del resto, con unas situaciones y características, y posee unas herramientas para gestionar todo lo que le sucede que le permitirán llevar una gestión emocional más o menos adecuada. Además, todos los días, el ser humano experimenta sentimientos de tristeza y ansiedad, así como de alegría y calma, por lo que no podemos calificarlo como tal.

No obstante, sí que podemos utilizar este día para trabajar, con los más peques del hogar, actividades que fomenten el desarrollo de la inteligencia emocional, basándonos en un método lúdico como es el juego.

Los cuentos y películas serán unos excelentes aliados en este sentido, ya que permiten hablar de las emociones y favorecen la adquisición de las competencias emocionales básicas: conciencia, regulación y autonomía emocional, inteligencia interpersonal y habilidades para el bienestar y la vida. En este sentido, además de los que hemos ido recopilando y mencionando a lo largo del pasado año, otros títulos que nos pueden ayudar son: «Si yo tuviera una púa», de Eva clemente y Teresa Arias (de 4-5 años), en el que su protagonista, el erizo, quiere hacer amigos/as, por lo que regala sus púas para complacer y por miedo a ser rechazado, trabajando la asertividad y el respeto hacia sí mismo; “¿No hay nadie enfadado?” de Toon Tellegen y Marc Boutavant (a partir de 6 años), es una recopilación de doce cuentos en los que se muestra que el enfado es algo común, pero que depende de uno mismo saber gestionar esa rabia sin hacer daño a nada ni nadie. Por otro lado, una de las películas que nos pueden permitir fácilmente tomar contacto con las emociones y hablar de ellas para mejorar su regulación es Inside Out (Del Revés).

Cantar y bailar es otra forma de trabajar las emociones, además de llevar a cabo otras funciones vitales que contribuyen a mejorar la salud de los niños/as. Una de las canciones sugeridas puede ser “If you’re happy”, mediante la cual podemos reconocer sentimientos como la alegría, la tristeza y el miedo a través de gestos sencillos, ejercitando además el inglés.

Por último, otra actividad muy atractiva es relacionar cada emoción con un color diferente, mediante el cuento de “El Monstruo de los Colores”, que se hace un lío con las emociones, por lo que tiene que encontrarlas y colocarlas, de nuevo, cada una en su sitio. 

Además de estas actividades, descansar bien cada noche, mantener planificados los días y el deporte siempre ayudan a mantener un mayor equilibrio emocional en las personas, así como la reflexión diaria en familia sobre cómo ha ido la jornada, buscando el lado positivo de cada momento.

Al fin y al cabo, como el mismo Cliff Arnall dijo: “no dejes que esta fórmula te dé permiso para reír o llorar… Estas 24 horas te pertenecen, no dejes que nadie te las arrebate, ni siquiera un tal Cliff Arnall”. Siempre hay algo bueno en cada día, en nuestras manos está saber reconocerlo y disfrutarlo, además de enseñar a nuestros niños y niñas a vivir y experimentar esas sensaciones placenteras y positivas que nos regala la vida.

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