El ciclo vital de cualquier ser vivo, planta, animal o persona, pasa por el nacimiento, su crecimiento y la muerte. Es un hecho inexorable de la vida que todos los individuos experimentamos, de forma cercana, antes o después.

Niños y niñas, cuando pierden a alguien cercano, pueden sentir un cúmulo de emociones y un estado afectivo, conocido como duelo, que hace que su mundo dé un giro, sientan que pueden perder el control y la seguridad que habían construido, provocando un shock emocional e incertidumbre. Además, con la pandemia con la que estamos conviviendo en los últimos tiempos, este duelo se hace eco de forma más o menos recurrente, puesto que oímos hablar incansablemente a nuestros allegados de las pérdidas que han sufrido, por la televisión y los medios también se habla de las tristes noticias e incluso hemos tenido que acostumbrarnos al nulo contacto con familiares, amistades u ocios que nos gustaban y divertían, lo que también deja una especie de “duelo” o pérdida con la que lidiar.

Las consecuencias directas e indirectas que surgirán en nuestros peques dependerán, en gran medida, de la personalidad y la etapa de desarrollo en la que se encuentren. Así, podemos ver desde conductas regresivas, como necesitar más atención y contacto, la succión del pulgar, orinarse en la cama… a la aparición de miedos que parecían superados, como la oscuridad o estar solo. También pueden aparecer alteraciones emocionales, pudiendo mostrarse más tristes o enojados, debido a que piensen que, de alguna forma, han tenido algo que ver en esa pérdida o se culpan por lo que están sintiendo. Además, también pueden darse consecuencias en el ámbito académico, con falta de concentración y de motivación, ansiedad, negativa a ir a la escuela, aprender o jugar, falta de interés en socializar… sin olvidar los síntomas somáticos, dolor de cabeza o barriga, fatiga, etc.

Por esta razón, ante la pérdida de un ser querido o cualquier otro tipo de duelo, es importante que, como adultos, acompañemos en este período de fragilidad para el niño/a, debiendo comunicar la noticia lo más pronto posible, empleando para ello un lenguaje adaptado a su edad, sencillo, con el que les resulte fácil entendernos. Además, es necesario mantener esta conversación en un lugar y momento adecuados, libre de distractores y la presencia de otras personas que pueden incomodar en la reacción por la noticia.

Además, es importante tener en cuenta una serie de consideraciones:

  • Atender al momento evolutivo del menor y sus preocupaciones. No es necesario darles demasiada información, puesto que pueden no saber gestionarla. Es mejor que sean ellos/as quienes hagan las preguntas que consideren necesarias y que después las vayas resolviendo.
  • Favorece y fomenta la expresión de los sentimientos. Es importante tratar de no ocultar nuestro propio dolor para protegerlos, puesto que van a percibir ese malestar y pueden llegar a percibir que esas emociones que están sintiendo no son adecuadas y que están mal. Debemos normalizar la expresión de la tristeza, compartiendo nuestro dolor y lágrimas, tratando de que, en un futuro, no congelen las emociones que puedan sentir, sino que las expresen de forma debida, aceptándolas y aprendiendo de ellas. Necesitan que seamos modelos de imitación, puesto que, de como actuemos los adultos, aprenderán.
  • Debemos evitar frases como “se ha ido” o “lo perdimos”… ya que, a esas edades, tienden a ser muy literales con lo que decimos, por lo que pueden confundirse y llegar a creer que la persona va a volver en algún momento, creando una falsa concepción de lo que es la muerte.
  • Importancia de las rutinas. Mantener los quehaceres diarios les aportará seguridad, saber que, aunque algunas cosas cambien, otras van a seguir igual.
  • La importancia de los rituales. Es bueno que participen del funeral, siempre que quieran. En caso de no querer hacerlo, es fundamental escucharlos y respetar su decisión. Además, necesitamos que entienda que no está prohibido hablar de la persona que acaba de morir, por lo que es bueno compartir recuerdos, mantener sus fotos, crear una caja de recuerdos… todo está permitido y sirve para su recuerdo y sanación.

Se trata de momentos en que necesitan nuestro acompañamiento y calor. Es inevitable que, en ocasiones, sientan el dolor en sí mismos, no podemos protegerles siempre, aunque sí que podemos ayudarles en su proceso, validando sus sentimientos, permitiéndoles su libre expresión y favoreciendo el procesamiento de la pérdida.

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