Pronto llegarán las vacaciones de verano, tiempo muy ansiado tanto por peques como por adultos, ya que son fechas de mayor conexión familiar, disfrute, salidas, comunicación… Meses en los que las rutinas se desajustan en gran medida, disponiendo de más horas para la improvisación y el esparcimiento.

Aunque es importante establecer una rutina estival, también es necesario no perder de vista la flexibilidad de horarios propios de esta época, dejando desarrollar la mente y creatividad del niño/a. Y, ¿cómo podemos incentivar a que continúen trabajándolo en vacaciones? A través de la investigación y la experimentación, educando en el asombro.

Desde que nacen, los individuos ya sabemos cómo resolver problemas, puesto que vamos adquiriendo ciertos conocimientos a través de las diversas experiencias que se tiene con el contexto y otras personas. Mirar luces, colores y formas; palpar objetos y lanzarlos; golpear, morder y chupar… ponen en marcha todos sus mecanismos para dar cabida a todos los interrogantes que se van encontrando.

Y así van aprendiendo, a su modo y divirtiéndose. Mostrando su inteligencia y la capacidad que tienen para resolver situaciones, creando relaciones de significado entre conocimientos y vivencias.

También desde la escuela se hace por trabajar a través de la experimentación, puesto que los resultados son muy efectivos, motivándoles y creando aprendizajes significativos, que partan de sus intereses y puedan poner en práctica en diferentes situaciones y contextos. Se trata de que pongan en marcha todos sus sentidos y prueben, de primera mano, cada acción y todas sus consecuencias.

Para ello, es necesario no poner límites a la curiosidad e imaginación del peque, puesto que, de esta manera, se estará promoviendo que analicen, comprueben y creen sus propias hipótesis. Siempre que sea posible, resulta necesario dejar que se manchen, que tomen sus decisiones y que creen, porque si ponemos límites a su curiosidad terminaremos imponiendo nuestros intereses, acabando con esas ganas de crecer propias de la edad.

“Lo estás haciendo mal, trae que lo hago yo”; “Pero… ¿qué es todo este desastre?”; “Ve y cámbiate, que vas mal vestido/a”… son algunas frases inocentes que se oyen constantemente y que limitan el crecimiento natural del individuo. Hemos de dejar que realicen actividades no dirigidas, que curioseen con la naturaleza y su cuerpo, y que hagan y deshagan a su propia voluntad. Así, además, estaremos contribuyendo a que creen opciones diversas contra el aburrimiento, estimulando su creatividad e imaginación, buscando soluciones que les resulten atractivas.

Se consigue mucho más apoyando sus intereses que imponiendo los nuestros, sobre todo en pro del aprendizaje, puesto que es más divertido y motivador, alejando el abandono y fracaso escolar.

Ya lo decía Tomás de Aquino, que el asombro es el deseo de conocer. Así que fomentemos que descubran y animemos a que experimenten nuevas vivencias, porque les ayudará a crecer de manera óptima y desarrollar un aprendizaje enriquecido, incluso en vacaciones.

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