En la educación y crecimiento de tu hijo o hija, hay momentos que se vuelven realmente complicados, en los que puedes sentir que pierdes el control y que nada de lo que haces da resultados. En estos momentos, frases como “si no apagas la tele, no hay postre”; “si no haces la cama, hoy te quedas sin videojuegos”; “como no te lo comas todo, no iremos al cine”, etc., suelen decirse y oírse en muchos contextos. En consulta, también hay familias preocupadas porque sus hijos/as utilizan el chantaje emocional y no saben cómo actuar correctamente ante esta actitud.

La pauta más válida y la que mejor puede ayudar a combatir y cambiar esta situación es dejar de educar a través del chantaje. Hemos de recordar que los niños/as aprenden a través de la imitación, por lo que si nosotros, como adultos, empleamos esta técnica, ellos/as van a crecer creyendo que está bien y que es lo correcto. Precisa de un gran trabajo de reeducación familiar, aprendiendo nuevas maneras de comunicarse y de resolver las dificultades que vayan surgiendo.

El chantaje emocional consiste en “manipular” o presionar a otra persona para hacer algo que queremos, generando, en quien no cumple la orden, un miedo a sufrir una consecuencia desagradable, como un gran castigo o un enfado desorbitado. Hemos de diferenciar esta práctica con los límites que deben existir indudablemente en la educación de nuestros/as peques.

Su uso, generalmente, nos devuelve, momentáneamente, el control de la situación, aunque no genera ningún aprendizaje a corto o largo plazo. Al utilizarlo, les estamos diciendo exactamente qué es lo que deben hacer, cómo y en qué momento, amenazándoles con las consecuencias que obtendrán si no lo cumplen inmediatamente. De esta manera, no solo provocamos que aprendan a través del miedo, sino que mermamos su capacidad de tomar decisiones y de realizar las cosas por sí mismos, generando una nula autonomía.

¿Qué alternativas podemos utilizar en su lugar?

  • Acompáñales en cada paso y haz de guía, ya que eres su ejemplo a seguir. Es mucho mejor que dar órdenes que, quizás, no saben cómo cumplir, ya que están aprendiendo y llevan un ritmo diferente.
  • Empatiza con las necesidades de tus hijos/as. Necesitamos escuchar qué requieren emocionalmente y brindárselo. En caso de que la necesidad sea nuestra, debemos ofrecerles diferentes opciones para actuar, tiempo para que lo hagan y negociar alternativas, explicándoles y haciéndoles conscientes de por qué queremos que actúen de una determinada manera.
  • Explícales la consecuencia de su acción. Para que no sea un chantaje o un castigo, hemos de tratar de que las consecuencias sean razonables, relacionadas con la circunstancia que estáis viviendo, explicada con anterioridad y respetuosa. Necesitan aprender que toda acción tiene una determinada consecuencia, que puede ser positiva o negativa.
  • Busca su motivación personal y pídele que te ayude a buscar diferentes alternativas.
  • Valora constantemente su esfuerzo, por pequeño que sea. Felicítale y haz que se dé cuenta de todo lo que hace bien, puesto que tenderá a repetir esa conducta.

Y tú, ¿qué técnicas empleas como alternativa al chantaje? Cuéntanoslas para seguir compartiendo y aprendiendo juntos/as.

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