Llevamos años viendo cómo aumentan los casos de suicidios en nuestro país y, más concretamente, en nuestro territorio valenciano. Las causas son diversas, puesto que la vida, en ocasiones, puede resultar difícil o complicada y encarar estas adversidades u obstáculos es un reto continuo al que debemos hacer frente, incidiendo directamente en nuestra salud mental.

Además, la situación que llevamos arrastrando y que ha generado una “nueva normalidad” no deja indiferente a nadie y supone una carga emocional preocupante, que incide directamente con este incremento sustancial. Si añadimos que una gran parte de estos casos se encuentra en edades jóvenes o adolescentes, la preocupación es aún mayor.

Por ello, hemos de reflexionar, como sociedad, y principalmente quienes estamos en contacto directo con menores y su educación, apostando por la creación de programas y actuaciones que intervengan directamente ante el suicidio, desmontando de una vez el mito de que “hablar del suicidio incita a ello”, porque no es así.

Profesionales de la salud mental defendemos que el suicidio es un fenómeno muy complejo, pero que hablar de ello previene o evita este final. La solución a este problema requiere de diferentes actuaciones complementarias entre sí y que incluyen a todas las personas involucradas en el contexto personal del individuo, facilitando la visibilidad de un amplio abanico de posibilidades que eviten este trágico desenlace y que prevengan cualquier dimensión del suicidio, desde las ideas o intentos de autolesión, los pensamientos suicidas o la propia muerte.

Factores de riesgo

La edad adolescente, de por sí, resulta compleja, ya que supone una época de muchos cambios e inquietudes, como ya se habló en otro artículo. Además, se pueden sumar otras circunstancias, como problemas de salud mental (ansiedad, depresión, insomnio, consumo de sustancias, angustia, irritabilidad o nerviosismo, impotencia…); modificaciones inesperadas (separación familiar, cambios económicos o de residencia, etc.); acoso escolar o de otro tipo; abuso sexual, emocional o físico; falta de una red de apoyo familiar o social; problemas con la identidad de género o la sexualidad; escasas habilidades sociales como comunicación, resolución de problemas, confianza en sí mismo, etc.

¿Cuáles son las señales de alerta?

Cuando un o una adolescente tiene idea de terminar con su vida dará señales o indicios de ello, hablando sobre el suicidio o la muerte en general o dando a entender que no le quede mucho tiempo aquí. Otro de los signos es hablar sobre sentimientos de desesperanza y de culpa y escribir o dibujar acerca de la muerte, la separación y la pérdida.

El hecho de alejarse de su círculo de amistades o de la familiaregalar posesiones muy queridas a las personas más allegadas y comenzar a tener comportamientos de riesgo, también puede ser un indicativo de que algo va mal.

Por último, el cambio repentino en los hábitos de alimentación y de sueño o la pérdida de interés en la escuela o actividades favoritas también lo son.

¿Qué puedo hacer como padre o madre?

  • Contar con ayuda de especialistas en salud mental. Es fundamental realizar terapia para desarrollar habilidades que permitan controlar los pensamientos y conductas suicidas durante las crisis.
  • Observa y escucha. La comunicación es esencial en estos casos, sin juzgar y tomándonos en serio lo que nos cuenta, puesto que son señales de alarma que nos indican que hay que tomar acciones preventivas. Preguntémosle acerca de lo que piensa, de qué le está preocupando y qué le lleva a tomar esta decisión, siempre desde el respeto y la amabilidad, dejando aparte los tabús (no vamos a crear ninguna idea suicida por hablarlo abiertamente) y haciéndole saber que estamos ahí para brindarle nuestro apoyo y ayudarle.
  • Limitar el acceso a posibles medios letales o lesivos.
  • Involucrar a la familia y las amistades para que no se aísle. La recuperación dela persona depende, en gran parte, de ese contacto social, de esa comunicación y acogimiento. Por tanto, es importante que acompañemos desde una posición de respeto y de no invasión.
  • Autocuidado del contexto. Esta situación, también puede provocar que familiares y amistades que estén en contacto con la persona afectada sufran, ya que es una carga emocional importante que, muchas veces, no sabemos ni podemos canalizar. Por ello, en caso de necesidad, también es importante que los familiares y el entorno cercano soliciten ayuda especializada.

En Equipo Nerea López estudiamos cada caso de forma individual y personalizada, ofreciendo el tratamiento más adecuado a cada situación y brindando estrategias para la mejora progresiva. Si tienes algún familiar con estos pensamientos o ideas o tú te encuentras en esta situación, recuerda que no estás solo o sola, sino que hay mucha gente que te quiere, te apoya y que te quiere ayudar.

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