Hace escasos días, en consulta, una familia nos preguntaba por la “economía de fichas”, si era recomendable su uso y cómo se podía poner en práctica. Fruto de estos interrogantes, hemos considerado conveniente hablar de un método tan conocido por su práctica, tanto en colegios como en consulta.

La Economía de Fichas es una técnica de modificación de conducta basada en el reforzamiento positivo de la acción que queremos que se establezca como hábito. Para ello, hemos de tener en cuenta una serie de aspectos para poder implantarlo:

  • La definición de la o las conductas que se desean desarrollar. Hemos de concretar la acción que queremos trabajar y conseguir, considerando que, en un mismo momento, solo se pueden trabajar 4 o 5 a la vez. Por ello, la definición de la conducta ha de ser observable por parte del adulto y debe estar hablada y consensuada con el menor. Ejemplo: emplear la agenda.
  • Las fichas necesarias para obtener el premio. En todo momento, ha de quedar claro cómo se conseguirán los puntos para la recompensa pactada y establecer los pasos para consolidar el hábito: Ejemplo: (siguiendo con la agenda) comenzar por un mínimo número de fichas a la semana e ir aumentándolo a medida que transcurran las semanas y lo logre conseguir.
  • Formación de la persona que lo aplica, comunicación con el/la menor y continuidad en el tiempo. Es imprescindible que, quien lo lleve a cabo, sepa cómo ha de hacerlo y lo mantenga a lo largo de los días, sin excepción ni cambios. La modificación de conducta y el aprendizaje requieren de constancia y dedicación, por ello es tan importante esta premisa. Además, debemos hablar con el niño/a y aplicar las fichas a su lado para que tome consciencia de sus actos y de las consecuencias que se desprenden.
  • Premio adaptado a la dificultad del objetivo y sin posibilidad de conseguirlo por otro medio. Si lo que tratamos de conseguir es que realice un comportamiento esperado, el premio pactado ha de alcanzarse, únicamente, llevándolo a cabo a través de lo pactado. De igual manera, hemos de tener en cuenta la complejidad de la tarea y no ser desmesurados con la recompensa que les vayamos a proporcionar, que podrá ser material (juguete) o no material (una salida en familia).
  • Compromiso. También es una buena manera de enseñar la responsabilidad y la confianza, debiendo ser consecuentes con lo pactado y, si lo consiguen, dándoles la recompensa que merecen.

Una vez consolidada la conducta, hemos de ir retirando, de forma gradual, la economía de fichas, puesto que no tratamos de conseguir que la realicen únicamente por la obtención de algo, sino como un buen hábito. Por esta razón, es importante ir espaciando el número de fichas y el tiempo para la obtención de la recompensa, hasta el momento que no se haga necesario su uso.

Este tipo de herramientas resultan muy eficaces para la modificación de conducta, pero requieren de tiempo, conocimiento de la técnica y constancia. En Equipo Nerea López analizamos cada caso y ofrecemos las pautas y estrategias más acordes y personalizadas a la situación vivida.

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