Hace algo más de un año que nuestra vida, tal y como la conocíamos, dio un giro completo, transformando nuestra realidad. La ansiedad, estrés, las alteraciones de sueño, cambios de humor… que experimentan los adultos, los niños y niñas también lo están viviendo en sus propias pieles, repercutiendo de forma importante en su salud social y psicológica.

Ha cambiado su forma de ir al colegio, con largos períodos de permanencia en casa, sumados a la inseguridad constante que se transmite por salir del hogar. Además, hay que añadir el uso de mascarillas, que dificultan la comunicación con el resto de iguales, privándonos de la parte esencial de la comunicación no verbal, la que se basa en los gestos y expresiones faciales. Esto afecta principalmente a aquellos niños/as que están en fase de desarrollo del lenguaje y que se apoyan en la comunicación gestual para expresarse y entenderse.

Por otro lado, han perdido la libertad de crecer con el contacto humano y afecto que se transmite a través de los besos, caricias y abrazos, contacto con la piel, que son inadecuados e incluso están prohibidos por ser una manera de transmisión de la enfermedad. Esto es una necesidad biológica para las personas, que genera aspectos muy positivos en ella, como la regulación emocional, mayor autoestima, sentimiento de pertenencia a un grupo, refuerzo y aprobación social…

Este problema, conocido con “hambre de piel”, puede tener efectos a corto, medio y largo plazo, que se están investigando y que dependerán de diversos factores. Algunos de ellos, ya los estamos experimentando y sintiendo en los más pequeños del hogar: malestar, estrés, ansiedad, miedos y fobias, regresión de conductas, rituales, angustia, sensación de soledad y tristeza, timidez…

¿Cómo podemos combatir los efectos que produce el escaso o nulo contacto físico?

  • En el hogar, reforzar el contacto físico entre los convivientes. Aunque es cierto que no podrán sustituir o compensar la falta que hace sentir y experimentar las sensaciones y el contacto que necesitan los pequeños, se sentirán más protegidos a nivel emocional. Además, si hay mascotas, siempre será bueno que jueguen, las acaricien y disfruten de su compañía, lo que les hará reducir el estrés, se sentirán mejor, más animados y felices, etc.
  • Expresando lo que sentimos o lo que nos gustaría hacer. Que no se pueda hacer no significa que no se pueda decir, hemos de emplear más las palabras, el diálogo y la comunicación.
  • Mirarse a los ojos y valorar lo que expresan las miradas. Es importante que les enseñemos el valor de mirarse a la cara, de buscar esos pequeños gestos y expresiones que nos dicen cómo está la otra persona y que nos ayudan en la comunicación.
  • Sonreír. Aunque no se nos vea por la mascarilla, debemos seguir sacando a relucir nuestra sonrisa y hacer que ellos/as también lo hagan, porque tiene múltiples beneficios y porque se verá reflejado en nuestra mirada.
  • Valorar otras maneras de comunicación. A través de la escritura, de la danza o la música, etc.
  • Buscar gestos característicos con los que transmitir y recordar que esto es una situación transitoria. Podremos recuperar el contacto físico, pero mientras hay que aprender a convivir y sentirse de una manera diferente, alimentando la creatividad, innovando y haciéndose eco de lo que esté a nuestra disposición para conseguirlo.

Desde Equipo Nerea López sabemos lo difícil que está siendo, en algunas ocasiones, la nueva normalidad y las dificultades que se están ocasionando por la falta de contacto y las nuevas situaciones vividas. Por ello, estamos a vuestro lado para tratar cualquier caso y buscar la mejor manera de conseguir que el niño/a se sienta bien y tenga un desarrollo social y emocional óptimo.

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