Recién estrenado el curso, se hace necesario hablar de un tema presente en nuestra sociedad y con un gran impacto en el desarrollo integral de nuestros hijos e hijas. Se trata del bullying o acoso escolar, del que se reciben numerosas consultas, principalmente por parte de la víctima cuando ya se ha iniciado el problema.

En anteriores entradas hablábamos de “cómo detectarlo y actuar” y “qué hacer ante el bullying”, ofreciendo pautas sobre la manera de proceder cuando observamos que algo no va bien, que nuestro hijo/a sufre por ser víctima o, al contrario, es quien ejerce la violencia contra otros.

En este, nuestro enfoque es diferente, centrándonos en cómo desde casa podemos educar para prevenir el acoso escolar o bullying, tratando de evitar que nuestro hijo o hija se convierta en un blanco fácil para las burlas y las mofas o que sea quien lleve a cabo un ensañamiento constante con los demás, además de inculcar valores para que intervengan en caso de observar que se está produciendo.

 

¿Cómo lo podemos prevenir desde casa?

  • Acompañándoles emocionalmente y de forma incondicional. Es necesario crear espacios en los que puedan expresar libremente cómo se sienten, ofreciendo nuestra atención y ayuda para que comprendan sus emociones, las acepten y puedan buscar, junto a nosotros, soluciones a las inquietudes y problemas que se les presenten. Se trata de validarles emocionalmente y, sobre todo, que tengan claro que cuentan con nuestra ayuda siempre, para cualquier asunto. 

En caso de no hacerlo, todas esas emociones no expresadas o suprimidas, enfado, tristeza, celos, etc., seguirán latentes en forma de frustración, que enfocarán hacia el resto de iguales, pudiendo visibilizarse en forma de conductas agresivas o de hipersensibilidad a las críticas.

  • Comunicación, la base de cualquier relación basada en el respeto, la empatía y la ayuda. Si en ese acompañamiento emocional, escuchamos y atendemos sus necesidades, estaremos promoviendo el desarrollo de valores democráticos que favorecerán la resolución de conflictos de una manera eficaz, así como la seguridad y confianza en ellos mismos, lo que contribuirá a su vez a que presten su ayuda cuando los demás lo necesitan.
  • El juego como herramienta favorecedora del aprendizaje y de la expresión emocional. Juegos, teatro, danza, cuentos… cualquier estrategia adecuada a su edad puede potenciar que interactúen con nosotros/as y nos hagan partícipes de esas experiencias que están viviendo.

Si somos capaces de disfrutar como cuando éramos pequeños y dejarnos llevar por la magia de esas edades, podremos descubrir un mundo de infinitas posibilidades de comunicación y puesta en práctica de soluciones a los problemas que les preocupan.

  • Entrenarles en la resolución de conflictos. Nos guste o no, las situaciones adversas se van a producir a cualquier edad y ámbito de nuestra vida, por lo que es importante que les dotemos de estrategias y habilidades para que sepan gestionarlas de manera efectiva, dotándoles de una autonomía para cuando no estemos a su lado.

Así, si ante un problema en casa chillamos, perdemos la calma e incluso llegamos a emplear la agresión física para dominar la situación, difícilmente podrán llevar a cabo otra técnica, puesto que es lo que han visto y aprendido desde el hogar. Sin embargo, si vemos cuál es el problema, entendemos la forma de actuar de las partes implicadas y buscamos diferentes soluciones al conflicto, que involucren a todos, podrán asumir su parte de responsabilidad y tratar de cambiar en futuras ocasiones.

  • Desarrollar valores de cooperación y empatía frente a la competitividad. Desde casa podemos contribuir a esto reforzando el esfuerzo y disfrute por las actividades en las que participan, más que por los resultados obtenidos. Así mismo, hemos de tratar de que ganen autonomía, favoreciendo que elijan sus juegos y actividades sin que precisen la supervisión continua y el refuerzo de los adultos. 

También será importante que, si se hacen juegos familiares, sean cooperativos, en los que tengan que hablar y buscar soluciones consensuadas. De esta manera, no solo se promueve la comunicación como herramienta fundamental para la resolución de conflictos, sino que también se desarrolla la empatía, el ponerse en el lugar del otro para tomar decisiones.

Este valor es fundamental y se debe aprender desde casa, puesto que muchos de los problemas de acoso surgen por una falta de empatía hacia lo que siente la otra persona. Para ello, sé siempre y compórtate como un ejemplo al que seguir, siendo figura de referencia para tu hijo o hija. Pregúntale cómo se siente al actuar de determinada manera y cómo cree que se ha podido sentir la otra persona, ya que así reflexionará y buscará nuevas maneras de solucionar las dificultades, preocupándose por el bienestar de todos los implicados. En este sentido, también es importante trabajar la asertividad y la valoración de diferentes puntos de vista, teniendo siempre en perspectiva las prioridades en la resolución de conflictos y que no todos los argumentos son válidos, lo que hará que ganen en autocontrol.

  • Inculcar desde edades tempranas el respeto por la diversidad y las diferencias. A pesar de todo lo que, como humanos, compartimos y nos hace iguales como personas, existen muchas diferencias en cuanto a capacidades y vulnerabilidades. Por ello, cobra especial relevancia la tolerancia y el respeto en cualquier relación, tratando de que no se sientan por encima de nadie ni actúen en consecuencia. Para ello, no basta simplemente con indicar lo que es el respeto, sino que, una vez más, el ejemplo es la mejor educación, por lo que deberemos evitar realizar cualquier comentario despectivo hacia las personas, sea cual sea la razón (vestimenta, físico, religión…). De igual modo, hemos de condenar este tipo de conductas, lo que favorecerá que presten atención a este tipo de situaciones en el colegio y pidan ayuda o la den automáticamente cuando ocurra.
  • El acoso nunca es la respuesta. En ocasiones surge para conseguir cualquier propósito (atención, popularidad, pertenencia…), sin darse cuenta del daño que está causando a su alrededor. Es vital que encontremos cuál es la razón por la que lo hace, cuáles son sus necesidades y se busque la manera de obtener los beneficios sin tener la necesidad de humillar ni agredir a la otra persona, haciendo que preste especial atención a las emociones de los demás.

Tanto quienes padecen el acoso como quienes lo ven o lo perpetran, sufren y tienen repercusiones directas en su desarrollo emocional y social. Por ello, desde Equipo Nerea López, esperamos que estas pautas os ayuden y ponemos a vuestra disposición profesionales que os acompañarán de forma personalizada.

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